Día Mundial de la Radiología.

Publicado: 08 nov 2022
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El “Día Mundial de la Radiografía” se celebra el 8 de noviembre de cada año, con motivo del aniversario del descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Roentgen en 1895.

El descubrimiento de los rayos x de Wilhelm Conrad Roentgen cambió el mundo, no solo en las ciencias médicas, además abrió un nuevo y vasto horizonte de oportunidades e inspiración en la investigación de las ciencias naturales.

Wilhelm nació en el pueblo de Lennep, Am Gänsemarkt, el 27 de marzo de 1845. Sus padres, Friedrich Conrad (1801-1884) y Charlotte Constanze (1806-1888), vivían en una casa elegante que durante más de treinta años les sirvió, al mismo tiempo, de residencia y sede de su comercio textil.

En 1848, cuando la revolución se expandió por Alemania, la familia se trasladó a los Países Bajos, presuntamente por motivos comerciales, por lo que la mayor parte de la infancia de Wilhelm transcurrió en Apeldoorn, donde se encontraba su escuela. La idea era que al finalizar la secundaria él se hiciese cargo del negocio familiar.

En 1862, sus padres lo inscribieron en la Escuela Técnica de Utrecht, y él se fue a vivir a la casa del Dr. Jan Willem Gunning (1827-1900). Además de ser amigo de su padre, este médico daba clases de química en la universidad. Él fue quien alimentó la fascinación de Wilhelm por las ciencias naturales.

Sin embargo, el joven Roentgen no pudo obtener el certificado de finalización de estudios secundarios (necesario para inscribirse en la universidad), debido a que lo expulsaron en 1863 con la acusación de haber dibujado una caricatura de un profesor (que supuestamente fue realizada por un compañero).

Mientras asistía como oyente a la Universidad de Utrecht, Roentgen se enteró por un compañero, Carl Ludwig Wilhelm Thormann, que el recién fundado Polytechnikum en Zúrich admitía estudiantes en base a un examen de ingreso, aun cuando no tuvieran un certificado de terminación de estudios secundarios. Así, aprovechó la oportunidad y comenzó a estudiar Ingeniería mecánica. Sus días como estudiante en Suiza (1865-1869) serían fundamentales.

Una vez que obtuvo la diplomatura en Ingeniería mecánica, cambió de materia para el posgrado y en 1869 se doctoró en Física. Su relación con el joven profesor de física, August Kundt (1839-1894), resultó decisiva, al punto que Roentgen lo recordaría como la persona que lo había introducido en la física y le había disipado todas las incertidumbres sobre su futuro.

El inicio de la carrera de Roentgen transcurrió en el laboratorio de August Kundt, uno de los físicos alemanes más importantes del siglo xix . Tras completar su tesis doctoral, en 1870, el joven acompañó a su mentor a Würzburg, donde instalaron un nuevo laboratorio. No obstante, dos años después (con Alsacia ya incorporada a Alemania como resultado de la guerra francoprusiana), ellos se mudaron de nuevo, esta vez a Estrasburgo, donde el Imperio alemán había fundado una universidad nacional de elite. La casa de estudios le había ofrecido un puesto a Kundt, por lo que el discípulo se fue siguiendo a su maestro.

En esta ocasión, Roentgen obtuvo la “habilitación” (un título académico de estudios superiores en Alemania que permite aceptar una cátedra universitaria) y su certificado de docencia. Así, en 1875 se fue a Hohenheim con la primera invitación para ocupar una cátedra. No obstante, su puesto como profesor de Matemática y Física lo fue desilusionando y un año después se volvió a Estrasburgo. Finalmente, en 1879, obtuvo su primer nombramiento como profesor titular en la Universidad de Ludwig en Giessen.

Aun hoy, existe cierta incertidumbre sobre lo que sucedió exactamente el 8 de noviembre de 1895, la noche del descubrimiento.

Como Roentgen dio instrucciones de quemar parte de sus pertenencias después de su muerte, para reconstruir los hechos se necesita una minuciosa labor de detective. Lo cierto es que, por aquella época, muchos físicos estaban estudiando la naturaleza de los rayos catódicos o de electrones, por lo que es probable que el investigador, mientras experimentaba con los rayos catódicos, haya visto accidentalmente la misteriosa luminiscencia de un papel pintado con una sustancia fluorescente sensible a la luz (platinocianuro de bario). El papel se encontraba a cierta distancia de un tubo de descarga de gas con el que estaba trabajando y, aun después de haber cubierto el tubo con cartón, la fluorescencia no disminuyó.

Roentgen reconoció de inmediato que se había topado con algo totalmente nuevo, así que los días y noches siguientes se dedicó a investigar cuidadosamente las propiedades de estos rayos. De hecho, los examinó con tanta exactitud y minuciosidad que pasaron 17 años hasta que alguien pudo sumar otros hallazgos básicos a su investigación.

Entre los puntos fundamentales, por ejemplo se establecía que los rayos podían penetrar casi todo, incluida la mano de su esposa, pero no los huesos (que dejaban una sombra sobre una placa fotosensible);. Los resultados de su investigación fueron publicados en el artículo “Sobre una nueva clase de rayos”.

 

 

Mano de la esposa de Roentgen

La mano de la esposa.

En pocos días, la noticia del descubrimiento dio la vuelta al mundo y Roentgen se transformó en la primera “superestrella” de la ciencia. La comunidad científica recibió la noticia con entusiasmo.

De golpe, Roentgen se encontró en el candelero de las noticias. Le llovían los premios, honores y pedidos, pero cada vez le resultaba más difícil mantener su cronograma habitual de trabajo en el laboratorio. Por ello, terminó aislándose no solo del público, sino también de sus colegas.

En 1900 con el ofrecimiento de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y en 1901 con el reconocimiento del Premio Nobel (la distinción científica de mayor valor monetario), Roentgen alcanzó el cénit de su carrera académica.

Sin embargo, la creciente fama también tuvo su lado oscuro: la discusión sobre quién descubrió primero los rayos lo persiguió hasta la vejez. Dado que los rayos x habían existido siempre y él fue simplemente la primera persona que los percibió y estudió, algunos investigadores le reclamaban la autoría.

La Primera Guerra Mundial y los años subsiguientes trajeron dolorosos cambios para Roentgen. En 1915, murió su amigo, el biólogo Theodor Boveri, y el 31 de octubre de 1919 falleció su esposa. Fue por ese entonces cuando el investigador se retiró de la docencia y se dedicó a pensar en su última voluntad y testamento. Sus publicaciones científicas y la medalla de Premio Nobel iban a ser legadas a la Universidad de Würzburg, pero la recopilación de sus notas y documentos personales debían ser quemados para proteger su privacidad.

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La posguerra para él, que había vivido la fundación y el fin del Imperio alemán, no fueron buenos años. Desde el punto de vista político, se sentía más cerca de la monarquía que de la democracia, surgida a partir de la revolución, pero a eso se sumaba la devaluación de su fortuna por la inflación desmedida de los primeros años de la República de Weimar. Para ese entonces, su círculo social cada vez era más reducido, al punto que se conformaba casi exclusivamente de la viuda y la hija de su amigo Theodor Boveri (1862-1915) en Würzburg1.

En 1923, a los 78 años de edad, Roentgen falleció en Múnich.

El objetivo fundamental de todas las técnicas radiológicas es prolongar la vida de las personas y disminuir la morbilidad. La realización eficiente y segura de los procedimientos de diagnóstico y tratamiento con fuentes de radiación exige que el personal que los lleva a cabo esté adecuadamente formado y entrenado.