Adiós al «Kaiser» Franz Beckenbauer.

Publicado: 09 ene 2024
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La leyenda alemana del fútbol Franz Beckenbauer, campeón mundial como jugador en 1974 y como seleccionador en 1990, falleció el domingo, 7 de enero, a los 78 años, anunció la Federación Alemana (DFB).

Excapitán de la selección de la República Federal Alemana (RFA) en los años 1970, seleccionador de la Mannschaft de 1984 a 1990 y después dirigente del Bayern Múnich.

Se había retirado de la actividad pública en los últimos tiempos por sus problemas de salud.

Beckenbauer falleció debido por causas naturales después de enfrentar varios problemas de salud a lo largo de los últimos años.

El ‘Káiser’ experimentó diversas dolencias que afectaron gradualmente su condición, incluyendo dos intervenciones quirúrgicas cardíacas y una complicada operación de cadera.

En 2019, perdió la visión en su ojo derecho. Desde abril del año pasado, su deterioro físico y cognitivo se intensificó notablemente.

Su mala salud motivó que en enero de 2023 no pudiera viajar a Brasil para el funeral de ‘O Rei’ Pelé, con el que jugó una temporada en el Cosmos de Nueva York. En agosto del mismo año también se ausentó de la tradicional reunión anual de los campeones mundiales alemanes de 1990.

La última vez que se le vio en público fue en el estadio Allianz Arena para ver un partido de ‘su’ Bayern Múnich. Fue a finales de agosto de 2022, en un duelo de la Bundesliga ante el Borussia Mönchengladbach.

Niño de la posguerra –nació en septiembre de 1945– en el barrio obrero de Giesing, al sur de Múnich, Beckenbauer aprendió a jugar al fútbol en el club local SC 1906 Múnich, antes de pasar al Bayern, después de haber sido rechazado en el 1860 Múnich, el otro gran equipo de la ciudad en aquel momento.

El Bayern de Múnich fue el club de su vida a lo largo de ‘tres vidas’ y cinco décadas: una primera como jugador en los años 1960 y 1970, otra segunda como entrenador en la segunda mitad de los años 1980 y una última como directivo en los años 1990 y 2000.

Por visión táctica, elegancia en el juego y capacidad para liderar desde la línea de fondo, Beckenbauer se ganó el mote de «Kaiser» (Emperador), una referencia que años después adquirió Daniel Passarella en el fútbol argentino. En su tiempo con el Bayern, conquistó tres títulos de la Bundesliga y tres Copas de Europa consecutivas (1974, 1975 y 1976), lo que marcó una huella imborrable en la historia del gigante del fútbol alemán.

Pero el momento de máxima gloria en su carrera de jugador le llegó en la Copa del Mundo de la FIFA 1974, siendo capitán de la selección alemana. En su propio país, Beckenbauer lideró a Die Mannschaft hacia la victoria, segunda de la historia tras la conseguida en Suiza ’54.

En la final disputada en el Estadio Olímpico de Múnich, Alemania le ganó a la «Naranja Mecánica» de Johan Cruyff y coronó un título en el que Beckenbauer tuvo una destacada influencia en la cancha, tanto en su función como defensor sólido como líder indiscutible de un equipo que también incluía a figuras de la talla de Gerd Müller.

 

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La versatilidad de Beckenbauer le permitió jugar en diferentes puestos de la cancha, hasta despeñarse como clásico número 10.

En 1977, después de una larga trayectoria en el Bayern, dio el salto al fútbol estadounidense para unirse a los New York Cosmos de la North American Soccer League (NASL). Su llegada no solo marcó un hito para el fútbol en Estados Unidos, sino que también consolidó su estatus como embajador global del deporte.

A lo largo de su carrera, acumuló premios individuales que subrayan su excelencia en el deporte, incluyendo el Balón de Oro (1972 y 1976) y cuatro veces el título de Mejor Futbolista Alemán del Año (1966, 1968, 1974 y 1976). En el ’66 fue también elegido el mejor futbolista del Mundial de Inglaterra e integró el XI ideal como también en México ’70 y Alemania ’74.

Tras su retiro como jugador en Estados Unidos, luego de un paso por Hamburgo, Beckenbauer desarrolló una exitosa carrera como entrenador, siempre apoyado en su cualidad innata de líder. Comenzó sin experiencia en el seleccionado nacional y lo llevó hasta la final del Mundial México ’86, que perdió ante la Argentina de Diego Maradona y Carlos Bilardo. Ese mérito lo mantuvo en el cargo hasta la siguiente cita en Italia ’90, en la que se cobró revancha ante Argentina, aportando la tercera estrella mundial para el fútbol germano.

Dirigió también al Olympique de Marsella y naturalmente al Bayern Múnich, con el que ganó la Bundesliga 1994 y la Copa de la UEFA dos años más tarde. Su capacidad para gestionar equipos y adaptarse a las circunstancias tácticas le granjeó reconocimiento en la élite del fútbol europeo.

Además de sus éxitos en el banco de suplentes, Beckenbauer desempeñó un papel destacado en la organización de eventos futbolísticos de renombre. Fue nombrado presidente honorario del Bayern y titular del Comité Organizador de la Copa Mundial de la FIFA 2006 en Alemania, aunque su figura cayó en desgracia por el escándalo de corrupción que rodeó a la elección del país como sede del certamen.

Toda la comunidad futbolística rinde homenaje a un gigante del fútbol mundial, que dejó una huella imborrable en la historia y cuyo legado perdurará como inspiración de generaciones futuras.