ALTA EN EL CIELO

Publicado: 20 jun 2011
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Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella” (Manuel Belgrano)

Quienes han tenido la oportunidad de ver recientemente la película sobre su vida, muy difundida en todos los espacios públicos del país, sabrán que este hombre integrante de la Primera Junta revolucionaria, además de crear nuestra insignia máxima en camino a una campaña militar, también fue abogado por formación profesional, economista, periodista, militar por voluntad de servicio, educador y diplomático en el exterior, todas facetas en las que se destacó por su valor y convicciones.

Es una tradición en nuestras escuelas primarias que los alumnos de 4º grado hagan su promesa de lealtad a la bandera en la fecha de fallecimiento de su creador, recibiendo estas palabras durante la ceremonia: “Esta es la Bandera que creó Manuel Belgrano en los albores de nuestra libertad, simboliza a la República Argentina, nuestra Patria.

Es el símbolo de nuestra libre soberanía, que hace sagrados a los hombres y mujeres y a todos los pueblos del mundo. Convoca el ejercicio de nuestros deberes y nuestros derechos, a respetar las leyes y las instituciones.

Es la expresión de nuestra historia forjada con la esperanza y el esfuerzo de millones de hombres y mujeres, los que nacieron en nuestra tierra y los que vinieron a poblarla al amparo de nuestra bandera y nuestra Constitución.”

¿Tendrán estos niños conciencia o conocimientos suficientes sobre quién fue Manuel Belgrano y cuáles fueron los alcances de su vasta obra patriótica? Y no para mantenerlo en el bronce o en el mármol, sino por el contrario; para mostrarlo con todas sus debilidades y defectos humanos, enfermo durante gran parte de las campañas, que supo crear esta insignia a orillas de Paraná, cerca de Rosario y sin saber de su prohibición oficial de enarbolarla ; en Jujuy la colocó en los balcones del Ayuntamiento, en reemplazo de la española, ocasión en que recibió su primera bendición, debiendo pasar un tiempo más para hacerla flamear nuevamente por los ejércitos de la independencia.

Símbolo de rebeldía y de lucha por la libertad, este hombre que murió el 20 de junio de 1820, en la màs absoluta pobreza e indiferencia de sus contemporáneos, reunió una serie de cualidades poco comunes en una sola persona: extrema honradez, patriotismo puro y desinteresado, juicio recto, respeto al orden y la disciplina, organizador y pragmático, de un gran valor moral, de modestia y constante disposición a servir en cualquier frente revolucionario y en cualquier escalafón y uno de los hombres más ilustrados de su época.

En un presente en que muchas de estas condiciones parecen estar devaluadas en la vida de los hombres públicos, recordemos a este patriota íntegro y humilde, verdadero militante revolucionario, defensor de los derechos del hombre y heredero de la tradición revolucionaria del siglo XVIII, precursor de la educación popular, de la ilustración de las mujeres y de los derechos de los indios, que renunció a los honores conseguidos, para entregarse a los ideales de independencia de una nación que nacía.