Recordatorio: JUEZA con Mayúsculas.

Publicado: 12 dic 2017
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Se ha marchado una persona entrañable, esposa, madre, amiga, excelente profesional, en el tribunal como en la cátedra, a las que abrazó con verdadera vocación sobre los temas del Derecho del Trabajo. Quienes conocimos y tratamos a Dora Eva Temis disfrutamos de su carácter afable, su alegría y su notable compañerismo.

Tenía un orgullo muy sentido: ser docente en su terruño, la gran Universidad Nacional de la Matanza, donde por años ejerció como profesora en la carrera de Relaciones Laborales. Dejó una huella indeleble.

Nació y vivió siempre en San Justo, ciudad cabecera del distrito más populoso del país, que ciertamente marcó su carácter y sus convicciones. También la marcó haber sido hija de un consecuente militante peronista, subsecretario de gobierno municipal entre 1973 y 1976. Ello seguramente le permitió crecer conociendo de cerca las necesidades populares y la importancia de los derechos sociales.

Realizó todo el recorrido de la carrera judicial desde los cargos básicos. Fue relatora y prosecretaria administrativa de la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo antes de 1990, acompañando a Juan Carlos Fernández Madrid y Rodolfo Capón Filas, entre otros camaristas.

Luego fue secretaria del Juzgado de Primera Instancia del Trabajo 46, con Enrique Arias Gibert como juez, hasta su propia designación, por concurso público. Fue nombrada jueza en 2008,cargo que ocupó hasta nuestros días como titular en el Juzgado Nacional del Trabajo 59 con asiento en la Ciudad de Buenos Aires y como subrogante en el Juzgado 58.

En 40 años de carrera judicial no registró sanción disciplinaria alguna.

Participaba habitualmente en jornadas y congresos académicos, siempre exponiendo con elocuencia sus ideas claras. En tiempos donde se ponen a prueba quienes aplican o no las normas constitucionales que resguardan garantías por sobre normas inferiores que las lesionan, Dora Eva Temis se destacó como una jueza ejemplar. Hizo cotidianamente realidad aquello de que la persona en situación de trabajo goza de preferente tutela.

Frente a situaciones difíciles no se arredraba. Por el contrario, mostró todo su bagaje de coherencia con valentía poco común. Como un sino, nos dejó uno de sus últimos tributos con una sentencia extraordinaria, donde patentizó su vida de compromiso y de opciones correctas.

En un pronunciamiento sólidamente fundado, desde el Juzgado 58 amparó a los trabajadores de la educación haciéndole saber al Gobierno que debía convocar a la Comisión Negociadora de la Paritaria Nacional de acuerdo a la normativa vigente. Así se había hecho en forma constante desde 2007.

Sostuvo que la Ley de Educación Nacional 26.075 ordena al Gobierno implementar las partidas presupuestarias para cumplir con el objetivo de la educación pública. También tuvo en cuenta la Ley de Asociaciones Sindicales, por la cual todo trabajador que vea obstaculizado su derecho de libertad sindical puede reclamar judicialmente. Señaló que no convocar a la paritaria es una medida antisindical.

Fue atacada injustificadamente, a mi criterio, por las autoridades del Ministerio de Educación. La acusaron de “subjetividad que no es propia de una justicia que debe funcionar en un país con las instituciones que todos queremos”. Le reprocharon también que “hay una clara animosidad por parte de la jueza” a lo que luego siguió una recusación que la sacó del expediente, a sabiendas de su firmeza. La alzada interviniente hizo lugar a la recusación, lo que fue muy criticado por diversos sectores del fuero.

Sin embargo, ella estaba cumpliendo nada menos que con la obligación del juzgador activo, que busca la paz social sobre la base de la justicia. Los trabajadores en este caso venían de un largo conflicto con implicancias en la educación pública. Dora Temis comprendía la necesidad de solucionarlo rápidamente ante un haz complejo de intereses sectoriales y derechos diversos.

Desde la Asociación Nacional de Jueces y Juezas del Trabajo, Anjut,pusimos en conocimiento de su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que sesionó en Montevideo en octubre pasado. Nos manifestamos enérgicamente ante la injusticia de los ataques que sufriera por emitir un fallo judicial.

El fallo no fue del agrado del Gobierno, que sin embargo tuvo a mano todos los remedios procesales para impugnarlo. Los comisionados se asombraron mucho con esta secuencia de acontecimientos.

Sin duda es una enorme pérdida para el fuero del trabajo y para los destinatarios de su labor.

La recordaremos siempre, tratando de seguir su ejemplo y sus claros testimonios de lo que debe ser un juez del trabajo en una democracia constitucional y social de derecho.

 

*Por Luis A. Raffaghelli * Presidente de Anjut y juez de la sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.

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